EDUCACIÓ A FINLÀNDIA
SINGULARS: millorar l'educació per millorar la societat
Totes? algunes... de les meves dèries i que potser poden agradar a la resta de la Humanitat.
"O enseñas más o cuelgo las fotos en la red para que las vean tus padres, tus amigos..."
La niña tiene quince años, su fracaso escolar es total, el psicólogo que la trata se las ve y se las desea para paliar los profundísimos daños emocionales que sufre. Cinco de sus agresores sexuales, uno de ellos su violador, están en prisión sin fianza. Otros diez de sus depredadores permanecen imputados al filo de la prisión. Pero el caso no ha terminado y es probable que próximamente caigan otros implicados, destructores del cuerpo y el alma de una niña catalana que no supo defenderse de las perversas emboscadas que permite el lado más oscuro de internet.
Ocho meses de intensa investigación de unidades especializadas del Cuerpo Nacional de Policía en Barcelona han sacado a la luz el drama de una niña que por edad y formación no supo ni pudo afrontar el chantaje continuado de un grupo de hombres que, uno a uno y sin conocerse previamente, eligieron a esta jovencita como víctima de sus perversas fantasías sexuales.
Esta es la trágica historia de una adolescente, víctima de las engañosas relaciones que estableció a través de Facebook y Messenger desde la tranquilidad y la aparente protección de su hogar. Un relato del que sólo podemos contar retazos puesto que la juez ha declarado secreto de sumario y ha prohibido publicar hasta las iniciales de los detenidos para que no se descubra la identidad de la pequeña, ni por casualidad.
Cuando la niña conectó vía internet con los pervertidores, creyó que eran amigos y conocidos de su edad. Por eso les dio su confianza. Pero mentían. Eran adultos camuflados con aviesas intenciones y no les fue difícil, tras horas de conversaciones virtuales, convencerla de que mostrara algún encanto de su cuerpo entre adolescente e infantil. Lo hizo. Fue su perdición y el comienzo de una vertiginosa caída a un infierno del que no supo salir.
Como respuesta a su acción, un chantaje muy efectivo contra alguien de su edad: "O enseñas más o cuelgo las fotos por toda la red para que las vean tus padres, tus amigos y el colegio", fue el discurso para desarmarla. Y la niña enseñó más y con ello el drama creció como una bola de nieve descendiendo sin control por una ladera recién nevada. Nada pudo parar el drama. La niña quedó los fines de semana con los depredadores que se fueron sumando al perverso juego de corromper a alguien sin recursos emocionales para defenderse.
Para la investigación, fue una manada de lobos hambrientos de sexo, inventando una nueva fórmula de exhibicionismo, vejación y perversión de menores, además de violación. Unos le enviaron durísimas fotos de sexo explícito, aumentando así el grado de sometimiento al lograr con ello que la niña se sintiera cada vez más cómplice y culpable. Otros la citaron para pasar de lo virtual a lo tangible y le dieron dinero por ello. Así lograron que se creyera prostituta y se sintiera perdida. Perdió el sentido de la realidad. Uno la violó y otros la vendieron por dinero a tipos de su misma calaña. Por eso, aunque la tortura nació en Barcelona, llegó hasta Murcia y Palma de Mallorca. Fácil. Messenger y Facebook son muy simples de usar.
El desastre creció durante meses hasta que un día, el 5 de febrero pasado, la niña tocó fondo y se atrevió a decirle a su padre que algo pasaba con un hombre que la quería prostituir. Su relato, vago e inconexo, alarmó lo suficiente a su padre como para acudir a la Policía Nacional en Barcelona y los agentes tiraron del hilo que nacía en el ordenador de la habitación de la pequeña. Pronto descubrieron que se había quedado muy corta en sus explicaciones. Era mucho peor. Identificados los pervertidores, que se escudaban en el anonimato que erróneamente suponían que les confería internet, los detuvieron y acusaron a cada uno de ellos de su presunto delito específico, tales como corrupción de menores, exhibicionismo, pornografía infantil, agresión sexual y otros más. Los quince tienen entre 52 años el mayor, que es de Barcelona, y 21 el menor, este de l'Hospitalet de Llobregat. Los detuvieron en Barcelona, Sant Cugat, Vallirana, Gavà, Badalona, Murcia, Palma de Mallorca, El Prat de Llobregat y Arenys de Mar.
Sus oficios, variados: profesores de secundaria, entrenador de balonmano, entrenador de fútbol o monitor de escalada. No ha trascendido el del violador.
SIRA OLIVER - Sant Joan Despí (Barcelona) - 14/09/2010
Dificultades para aprender a leer de forma fluida, complicaciones para mantener la atención o incapacidad para controlar los impulsos. En cada aula de enseñanza obligatoria hay, como mínimo, dos niños con alguno de estos trastornos de aprendizaje. Unos problemas que, de no ser diagnosticados a tiempo y correctamente tratados, pueden llevar a estos niños al fracaso escolar.
Ésta es la principal conclusión del informe El aprendizaje en la infancia y la adolescencia elaborado por el Servicio de Neurología Hospital de Sant Joan de Déu de Esplugues de Llobregat (Barcelona). Se trata de un estudio que propone medidas para detectar estos trastornos y dar respuesta a los alumnos que los sufren dentro del sistema educativo. Según las estimaciones del estudio, en este curso 2010-2011 en Cataluña hay, como mínimo, 57.000 alumnos con trastornos específicos del aprendizaje y en el resto de España, 385.000. Los más diagnosticados son la dislexia -entre un 5% y un 17% de la población infantil- y el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)- entre un 8% y un 12% de los niños-.
La coordinadora del informe, Anna Sans, avisa que se trata de menores que "tienen una inteligencia normal" pero que se han de esforzar más que los demás y normalmente sin obtener resultados positivos. "Como su esfuerzo no se ve recompensado, deciden tirar la toalla", asegura la doctora.
El diagnóstico precoz, clave
Los autores del estudio apuntan que el diagnostico precoz en el ámbito escolar es la clave para reducir los transtornos. Una evaluación formativa constante del alumno por parte del profesorado puede contribuir a detectarlos más rápido. Pero los especialistas sostienen que el sistema educativo no está "suficientemente preparado" para este tipo de problemas.
"El maestro generalista no sabe bien cómo afrontar los trastornos del aprendizaje. Aún queda un largo camino por recorrer", asegura Enric Roca, profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y colaborador del estudio. Por ese motivo, los autores del informe piden a la administración la elaboración de protocolos para poder detectar a tiempo los casos en los niños.
Soluciones personalizadas
En el caso de los disléxicos, los doctores proponen darles un tiempo extra para realizar exámenes escritos y potenciar los exámenes orales. En cuanto a los alumnos con un TDAH, proponen a los profesores que les entreguen de manera fraccionada los exámenes.
Pero no todo el peso recae en los colegios. La implicación de los padres en la educación de los hijos -en coordinación con la escuela- es fundamental para reducir los efectos del fracaso escolar.
La palabra correcta es 'dado' o 'barco', pero los afectados de dislexia leen 'papo' o 'qarco'. Este trastorno específico del aprendizaje, que afecta a un 10%- 15% de los españoles, se manifiesta por la dificultad para la lectura y la escritura.
De origen neurobiológico, con cierto componente genético [en un 50% de los casos, el afectado tiene un hermano, un padre o una madre con el mismo problema], su intensidad y sintomatología varía de un niño a otro. Así, mientras que algunos disléxicos pueden presentar, además, problemas de orientación espacial y temporal, otros experimentan dificultades con el cálculo y la lógica matemática.
En la etapa preescolar suelen mostrar un retraso a la hora de hablar claramente, falta de constancia en los estudios, problemas con las palabras rimadas y confusión con las que se parecen en su fonética. Otras dificultades frecuentes son: problemas con la orientación espacial, torpeza al correr o saltar o escasa habilidad en el manejo del lápiz.
Hasta los nueve años manifiestan dificultades para aprender a leer y a escribir, así como incapacidad para memorizar las tablas de multiplicar. Les cuesta distinguir la derecha de la izquierda. Acusan problemas de conducta, como frustración y falta de atención en clase. Siguen sin sostener bien el lápiz y son lentos a la hora de memorizar la información. Además, tienen problemas para saber la hora, el día, el mes o el año.
En la adolescencia, las dificultades con la compresión de la lectura continúan y su escritura puede resultar extraña. Omiten letras o alteran su orden. Comprenden mal el lenguaje tanto escrito como hablado y muestran falta de interés en clase. Debido a su 'mala' lectura, fallan en la memoria inmediata e interpreta mal la información. Son desordenados con su material de trabajo, así como a la hora de estructurar órdenes. Tienen dificultades para elaborar sus pensamientos, hablar o escribir. Evitan leer en público y suelen bloquearse cuando les interrogan en clase.
Se produce por una disfunción en el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el que se ocupa de los procesos del lenguaje hablado y escrito. Este fallo provoca que los afectados no automaticen la identificación de palabras (lectura) y/o la escritura de las mismas.
La realidad, el mundo, se codifica para todos ellos en un lenguaje mucho más difícil de decodificar, incomprensible, por eso tienen dificultades para establecer la relación entre lo que ven, cómo se escribe o cómo se pronuncia.
La dislexia es ya la responsable del 25% del fracaso escolar. Pese a que sus primeras manifestaciones se producen en el momento en que los niños empiezan a aprender a leer y a escribir, muchos profesionales siguen defendiendo que el retraso en el aprendizaje se debe a un problema de madurez. Este hecho repercute en un diagnóstico tardío, lo que agudiza los problemas de baja autoestima de los afectados que ven como sus compañeros de clase aprenden y ellos no pueden. Máxime cuando se valora que, además y con frecuencia, son tachados de vagos y de distraídos y se les presiona para que alcancen el nivel de sus compañeros.
El sobreesfuerzo intelectual que los disléxicos realizan para superar sus dificultades provoca, además de fatiga, desinterés y retraimiento en clase. Pierden la confianza en sí mismos y eleva el riesgo de síntomas depresivos.
Ante la sospecha de su existencia, los padres deben consultar con el pediatra para que valore al menor de la forma adecuada. Este profesional determinará si es innecesario o no consultar con otros profesionales, como un psicopedagogo, especialista en trastornos del aprendizaje.
Los padres deberán buscar personal cualificado que ayude a la ‘reeducación’ de su hijo para que desarrolle las habilidades necesarias que le permitan superar sus trabas. Es importante aplaudir sus progresos y ensalzar sus habilidades particulares. Hable con su hijo de su problema y no comente sus fracasos sin contar con él.
Es necesario que colabore con él en sus tareas académicas y busque refuerzo extraescolar. La involucración de los profesores y del colegio también es fundamental para el adecuado desarrollo del menor.
Apóyese en la tecnología. Existe una gran variedad de programas diseñados específicamente para disléxicos.
La familia tiene un papel determinante en la adquisición de hábitos de trabajo y en la motivación de sus hijos. Para realizar esta función es importante que los padres tengan en cuenta que a los niños no se los motiva sólo con recompensas futuras que provengan del estudio sino que éstos necesitan conocer qué hacer y cómo hacerlo. Por otro lado, es evidente que para aprobar hay que estudiar pero para el éxito en la tarea de estudio es necesario que existan unas condiciones ambientales óptimas, hábitos de trabajo, empleo de un método de estudio adecuado y la obtención de recompensas que refuercen la utilidad del esfuerzo y los logros escolares. Ante esta realidad la familia ha de disponer y controlar las condiciones que hacen posible adquirir hábitos de estudio y recompensar adecuadamente el trabajo y el aprendizaje de sus hijos.
L'abandonament dels estudis obligatoris, que afecta tres de cada deu alumnes de l'ESO a Espanya (el doble de la mitjana europea) no passa perquè sí, ni de la nit al dia. Es tracta d'un llarg procés que culmina amb el desinterès i la desvinculació de l'estudiant. Una investigació de l'Obra Social La Caixa basada en 856 expedients d'alumnes de tot Espanya ha constatat que la meitat dels que van desertar de les aules abans d'acabar l'ensenyament obligatori ho van fer perquè l'escola no els agrada, els avorreix o els genera rebuig. Un terç afirma que ho va fer per posar-se a treballar.
«Encara que des de fora es considera un fracàs, els alumnes que abandonen ho perceben com un èxit que els permet prendre decisions i entrar en la vida adulta, l'ocupació i la independència», va assegurar Mariano Fernández Enguita, catedràtic de sociologia de la Universitat de Salamanca i coordinador de l'informe. «Abandonar no va ser un problema, sinó un alliberament. L'escola és com una presó. Si hi era era perquè era obligatori. L'important en aquesta vida és treballar», va manifestar un jove de 17 anys, actualment cambrer a les Balears.
REPETIDORS I ABSÈNCIES L'anàlisi dels expedients ha detectat que la repetició de curs és freqüent en el 88% d'aquests alumnes. Als 10 anys, un de cada deu nens ja no assisteix al curs que li correspon per edat, i el 16% acumula algun retard en la formació. «Aquestes dades confirmen que la repetició, abolida a gairebé tota la UE, és una de les perversions del sistema, que pot fatigar, perjudicar i desanimar els alumnes», va destacar Fernández Enguita, Segons el seu parer, la «rigidesa» del sistema educatiu els desmotiva. Hi ha un problema «estructural»: un estudiant sense graduat de l'ESO està condemnat a l'abandonament i, si se'l fa repetir, arribarà al mateix destí.
No presentar-se a les classes es perfila com un comportament molt comú entre els estudiants que acaben abandonant els estudis. Per exemple, els alumnes de l'últim curs de l'ESO que deserten no van, com a mitjana, a un 46% de les classes a les quals estaven matriculats. A més, el 91% dels expedients analitzats recullen moltes faltes d'assistència no justificades. A tall d'exemple, els estudiants que abandonen en el primer cicle de l'ESO presenten una mitjana de 225 hores perdudes durant el seu últim any d'assistència. «¡Era avorrit!, ¡molt avorrit! Va ser desagradable haver-hi d'anar cada dia obligat», va comentar un exrepetidor de segon de l'ESO i alumne, després, de garantia social (la formació complementària per a tots aquells que no acaben la secundària obligatòria).
CONFLICTIVITAT Els autors de la investigació s'han trobat amb la sorpresa que, en contra del que es pensa habitualment, els alumnes que abandonen no són més indisciplinats que la resta. Només el 28% ha presentat problemes seriosos, un percentatge per sota de la mitjana general, sobretot en el primer cicle de l'ESO. «La majoria dels que fracassen no són problemàtics», va assegurar Luis Mena, un altre dels autors de la investigació.
Aquest expert va rebutjar el tòpic que els progenitors no es preocupen pels alumnes que acaben abandonant prematurament els estudis. Els expedients demostren que assisteixen més que la mitjana a les reunions de pares i a entrevistes amb professors i responsables del centre.
INFLUÈNCIA DELS PARES El nivell educatiu dels pares, més que no pas el socioeconòmic, és l'atribut amb més pes en tot el procés de sortida del sistema educatiu. El 20% dels alumnes amb progenitors universitaris pateixen risc de fracàs, percentatge que s'eleva al 62,9% en el cas de pares sense estudis i al 46,2% si només han cursat els estudis primaris. Els nois presenten un 12% més de risc de fracàs que les noies.